La España incultural (carnavales)

Estamos alcanzando la plena estupidez. Cuando era niño, tampoco hace tanto, los carnavales se celebraban como una suerte de liberación donde por una vez al año se podía, amparados en cierta tregua del sistema, ridiculizar a la autoridad competente, al cura de turno y a la vieja del visillo si se terciaba sin sufrir grandes consecuencias. Era tradición que, por un período de tiempo estipulado, el populacho pudiera dar rienda suelta a la socarronería y algo más contra quienes durante el resto del año manejaban el puño de hierro en guante de seda. Eso eran los carnavales. Una fiesta del pueblo en la que más o menos todo el pueblo participaba.

Hoy, los carnavales pasan frente a nuestras miradas de forma totalmente organizada por unos pocos; con aire de comparsas de feria o charanga sanferminera. Nada queda de aquel espíritu contestatario y libertario. Nada sobrevive en este país a la devoción por la incultura y la degradación de las costumbres otrora santo y seña de nuestra identidad.

Que grupillos de ellos y ellas procesionen por las calles en estricto orden de vosotros primero y nosotros después, ataviados todos iguales según el grupo, bajo acordes discotequeros y escenografías más bien ridículas, no hace más escarnio y broma hacia los procesionarios, bajo la mirada alucinada de un público entregado a la causa pero que no sabe si lo que ve se debe a los carnavales, a las fiestas del pueblo o al día del orgullo gay.

Las autoridades competentes, curas y otras sotanas, presiden con fervor el paseíllo, cuáles jefes de estado orgullosos de contemplar las tropas de sus ejércitos en parada militar en su honor. Un Ejército compuesto de idiotas dispuestos a lo que sea con tal de que se les permita ser esclavos de primera. Y así nos va la vida en ello.

Gallego Rey.

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8 comentarios en “La España incultural (carnavales)

  1. Hoy en día la imbecilidad es claramente más extensa y profunda. Cuando el mundo era más simple el entendimiento llegaba a todos en su área, hoy la gente está convencida de la existencia de los vampiros y de los zombis, ¿cómo tomar en serio su disposición ante los carnavales?

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    • No tomándose en serio dicha disposición, creo. Han conseguido, en todo caso, sorber y silvar al mismo tiempo: protestan contra una ley que dicen los amordaza y les impide la libre expresión, y cuando llega la fiesta por excelencia de la libre expresión se auto amordazan. Delirante.

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  2. Leo tanta prepotencia en tus líneas que me desconcierta. No sé si la rabia te ciega o me volví tan borrega que me creí el cuento. ¿Libre expresión dices? La élite cultural es tan sumisa a sus criterios y a sus viejos canones de belleza que no es capaz de abrir los ojos ante nuevos pensamientos y formas de expresión. Todos a una siempre fie el lema, las modas cambian, las fiestas también, las mentes dormidas no. Seres domesticados por la comodidad y las necesidades inventadas. No coincido contigo en la idea, en absoluto, antes no había un carnaval mejor y más reivindicativo, simplemente ahí creció el carnaval y aquí muere su sentido. Hoy se llama fiesta, tradición, excusa para celebrar; no quieras ser el constructor de la iglesia y también el orador del templo cuatro siglos después. Con mi acostumbrado desorden ni siquiera puedo esperar que mis letras reflejen fielmente mi opinión, pero aquí queda. He de apuntar que disentir de tu elocución no me evita enamorarme de la forma en que la expresas. Gracias por tu punto de vista Gallego.

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    • ¿Prepotencia? Supongo que será otra excusa para justificar el no debate, y la evidencia al respecto de que no hay ningún tipo de evolución del carnaval salvo hacia la involución de sus principios. Ahora el lema es divertirse por divertirse, ya da igual que sea semana Santa que carnaval, navidades que el día de todos los santos…
      ¿En dónde queda el valor se saber el porqué de cada cosa? Se ha igualado en esta “nueva sociedad” todo tanto, que da igual el rebuzno del asno que el canto del canario. Todo el mundo sabe de todo, todo el mundo tiene derecho a todo; igual el que se esfuerza que el que es un vago y, por supuesto, lo que no podía cambiar es la animadversión secular y la envidia hacia quienes intenten desmarcarse del resto y mirar las cosas desde otra óptica. Los carnavales en España fueron durante mucho tiempo la única vía de escape para poder divertirse sin corsés y en igualdad de condiciones: lo mismo el obrero que el patrón, el cura que el feligrés o el político y los mandados. El que quería podía. Ahora es otra excusa más par la… fiesta. Eso; fiesta. Qué más da el motivo si la ocasión la pintan calva.

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      • Exacto, el carnaval perdió su sentido y se conserva la excusa de la fiesta. En eso estoy muy de acuerdo. Pero no pervive porque dejó de ser necesaria su existencia, quienes lo crearon ya no están o ya no lo aman, para mí no tiene relevancia. No entiendo tu empeño ni tu arraigo. Se acaba un capítulo y el siguiente se convierte en protagonista, aferrarse al pasado es incongruente. Sigue siendo minoría el pensador, en eso nada cambió. Qué evolución podría pretender un cadáver, carnaval ya no es más, ahora es momento de otro título, de aquél queda sólo el recuerdo y eso amigo es lo que se festeja. Las injusticias se enfrentan desde las trincheras… si están acolchadas los soldados se dormirán en ellas. Te imagino tratando de despertarlos con tu voz y eso me gusta. En lo que no estoy de acuerdo es en subestimar a los soldados seducidos por el sueño, cada uno despertará cuando lo necesite. Ser más culto y elocuente, más vivido y luchador, rebelde u honesto… no te pone en un pedestal ni te hace mejor persona; a esa prepotencia me refería. Jamás eludiría un buen debate. Y creo firmemente que la fiesta o la desidia son también maneras de expresarse.

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      • Ser filósofo a la contra en este país es muy fácil : que alguien escribe un artículo sobre esto o aquello, pues a contestar a la contra. Que alguien argumenta esto o aquello sobre tal tema, pues se le contesta a la contra. Somos un país donde enterramos en vida a los grandes pensadores (Escohotado, Gustavo Bueno, García Trevijano…) y a las personas que destacan en humanidades porque al no poder contestarles a la contra con argumentos preferimos ignorarlos.Parece en todo caso, refiriéndome al tema que me ocupa, que no somos tan pocos los “nostálgicos” del verdadero sentido de nuestros carnavales, sino más bien que hay un atropello cultural cometido por una parte de la sociedad a la que le importa nada el sentido de las cosas. Yo no tengo nada en contra de quienes toda ocasión es buena para divertirse, ahora que, creo que si vas a ser partícipe de una tradición, qué menos que respetar el sentido de la misma.

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